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Un gigante despertó en España

Recuerdo una escena, como aficionado del deporte más fantástico del mundo, que me recordó porqué nos apasiona tanto ver rodar un balón. La historia se remite a dos seres solitarios, que bajo los tres postes habían hecho una intachable trayectoria en distintas partes del orbe y se alzaban como los mejores de su posición en el ya lejano 2001; el escenario: Bayern vs Valencia en el Giuseppe Meazza por la final de la Champions League.

El desenlace, tanda de penales vibrante donde después de un 5-4, los alemanes avalaban lo que su ADN dicta, siempre ganan. La escena me enchinó la piel, recuerdo a un Santi Cañizares, hincado, con el rubio platinado de su cabello tan característico, desecho, llorando como un niño al que le roban su juguete favorito. Después, las cámaras enfocaron a un Oliver Kahn, el todopoderoso del arco teutón que atravesaba el campo sin detenerse con nada ni nadie, a él no le importaba celebrar, su primer reacción, levantar al compañero caído, al colega de profesión, al héroe que se quedó a un penal de la gloria y reconocerle el esfuerzo.

Después las cámaras nos regalaron la postal memorable, un Valencia legendario que se quedó muy cerca de la gloria hecho trizas. Khan no paraba de abrazar a Cañizares (el portero español acababa de perder a su padre). En la media el Gaizka Mendieta aplaudía a sus compañeros, aunque su rostro reflejaba muecas disfrazadas de algo que parecía ser una leve resignación, mientras que la promesa del seleccionado argentino, Pablo Aimar, era abrazado por su compatriota y entrenador Héctor Cúper.

Ese Valencia inspiraba miedo a cualquier rival, era un deleite para los espectadores por la técnica individual de cada uno de sus elementos y el valor con que disputaban cada jugada, además que tenían una de las defensas más sólidas de Europa comandada por Mendieta y Cañizares, quien dicho sea de paso, lucía como un gran dragón enfurecido cuando el zoom de la cámara lo ponía en el primer plano de una jugada importante.

Más de 15 años tuvieron que pasar para que viéramos a un Valencia así de bueno, y no lo digo sólo por decir, sus números lo consolidan quizá, como el Caballo Negro de la Liga Española 2017. Invicto y con 30 goles, empatado con Barcelona, (sí, ese de Messi y Suárez), como la mejor ofensiva del torneo con 30 dianas en 11 jornadas (2.7 goles por encuentro).

Quizá luce desequilibrado a la defensiva, sin embargo el poder ofensivo lo ha sacado a flote en todos los encuentros que ha disputado. Recibió tres goles del Betis, pero le metió seis. Dos goles del Bilbao y la Real Sociedad, aunque les metió tres. Y aplastó en sus duelos más contundentes al Málaga y al Sevilla 5-0 y 4-0 respectivamente.

Si bien aún la Liga 2017 es joven, el Valencia nos despertó la memoria, nos hizo recordar, por un breve instante, al equipo del pasado, ese que nadie daba nada por ellos, pero nos sorprendió a todos y se quedó a poco de cargar la gloria de una Orejona. Quizá el futbol le dé una revancha, tal vez estamos en la antesala de algo mágico y fabuloso, después de todo, ¿Qué sería de este deporte? Si no nos permitiera soñar. Ya el caprichoso tiempo nos lo dirá.

Por: Fabián “Juglar” Rodríguez

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