Lágrimas en la cancha, cuando los futbolistas lloran

8 junio, 2015
Escrito por: J.G.
Imagen por: Youtube

Andrea Pirlo es sin duda uno de los referentes del futbol mundial en este Siglo XXI. Cuántas imágenes suyas pueden correr por nuestra memoria viéndolo recuperando el balón, siendo duro en el medio campo, acomodando a su compañeros, dando órdenes con autoridad, festejando goles, creando el juego y, por supuesto, cobrando tiros libres con la maestría que lo hace; sin embargo, hay una imagen del gran creativo italiano que desplazará al resto de nuestros recuerdos. El árbitro turco Cüneyt Cakir pitó el final del encuentro, el Barcelona se coronaba como nuevo campeón de Europa y entonces el gran Pirlo, símbolo de la fuerza con la que se defiende el medio campo, reventó en llanto. Todos los recuerdos de sus grandes hazañas en la cancha se redujeron a ver a un tierno niño que cubría su cara y barba con lágrimas, se vio el lado humano del futbolista de la misma forma que tantos otros ídolos del balompié se han mostrado ante las cámaras cuando las situaciones sobrepasan la fortaleza y los sentimientos vencen al mismo jugador.

Las lágrimas en los campos de futbol no son comunes, no es algo de todos los días porque los jugadores saben que a veces se gana y otras tantas se pierde, aunque algunas derrotas sí marcan al futbolista, son derrotas que dan al traste con toda una temporada, una copa, o incluso un mundial. Son instantes en que un jugador define su futuro, son descensos, eliminaciones o caer ante el acérrimo rival. Ver a un jugador llorando en el campo nos recuerda que esos astros que cada semana nos emocionan con su talento, también son humanos, tienen sentimientos y pueden reventar por dentro como cualquiera de nosotros.

Aquí un recuento de algunas de las lágrimas más famosas en la historia del futbol, o al menos, de las que recuerda un servidor:

8 de julio de 1990, Estadio Olímpico de Roma, Roma, Italia: El mundial Italia ’90 llegaba hasta la gran final, en la cancha se medirían el campeón reinante, Argentina, contra el subcampeón de 4 años atrás, Alemania, quienes buscaban una revancha y levantar así la Copa del Mundo. Los pamperos contaban con un equipo muy sólido y lleno de talento; sin embargo, todas las miradas se centraban en el mejor jugador del mundo en ese momento: el famoso diez, el gran ‘pelusa’, Diego Armando Maradona. Como bien ya lo sabemos, ese partido fue pitado por el árbitro méxico-uruguayo Edgardo Codesal, quien al minuto 65 expulsó a Pedro Monzón, al ’85 señaló el dudoso penal sobre Rudi Völler, que Andreas Brehme convirtió en el gol del título y culminó su polémica actuación al ’87, cuando expulsó a Gustavo Dezotti dejando a Argentina con 9. Así terminó el encuentro, los alemanes (tan joviales como siempre) festejaban en la cancha del Olímpico de Roma, la mayoría de los argentinos querían comerse al árbitro, pero otra vez todas las miradas se centraron en el 10 albiceleste, Maradona, el monstruo que cuatro años atrás “bajó de algún planeta para dejar sembrado a tanto inglés”, ahora se veía como un mortal más, Argentina no era bicampeona del mundo y Maradona lloró como cualquier humano lo hace ante el dolor.

5 de julio de 1994, Giants Stadium, Nueva York, Estados Unidos: La selección mexicana jugaba un mundial tras ocho de ausencia, Estados Unidos ’94 era el marco y el ambiente no podía ser más favorable, se jugaba en el vecino país del norte, las condiciones naturales y la cantidad de inmigrantes mexicanos nos hacían prácticamente locales en cualquier encuentro. En fase de grupos se tuvo como rivales a Italia, Noruega e Irlanda, parecía difícil, pero los nuestros sacaron las garras y se quedaron con el primer lugar del grupo, era la primera vez que una selección mexicana avanzaba a la segunda etapa de un mundial jugado fuera de nuestro país. El duelo de octavos de final traía a un nuevo rival para México, la selección de Bulgaria, el equipo de Hristo Stoichkov, quien apenas a los seis minutos de juego encaró en un mano a mano, disparó con mucha potencia y logró el 1-0, minutos más tarde llegó la igualada con un penalty magistralmente cobrado por García Aspe. El juego terminó así, hubo que ir al alargue y luego a los penales, todo México se quedó esperando el ingreso a la cancha de Hugo Sánchez, pero Mejía Barón lo dejó en la banca. En una selección con cobradores como Galindo, Marcelino Bernal, Luis García y García Aspe, cualquiera pudo tirar el primero, pero a pesar de haber cobrado uno en tiempo regular, se decidió que fuera ‘el beto’, quien empezó fallando, luego fallaron Bernal y Jorge Rodríguez, mientras los búlgaros acertaron, perdimos en penales, llegó la eliminación y los jugadores nacionales volvieron a ser humanos. Alberto García Aspe, el durísimo centrocampista de Necaxa había fallado el único penal de su carrera en selección, pero ese nos costó quedar fuera, por lo que la culpa lo embargó y reventó en un desgarrador llanto, al igual que el arquero nacional Jorge Campos, a quien le entró el sentimiento tras no lograr atajar el último penal, el que cobró Letchkov.

23 de mayo de 2001, Estadio Giuseppe Meazza, Milán, Italia: El Valencia jugaba su segunda final de Champions League de manera consecutiva y el rival era un Bayern München que buscaba ganar una copa que no levantaba desde 1976. Esa edición del torneo de clubes más importante de Europa había sido memorable, en la fase de cuartos se enfrentaron tres equipos españoles, tres ingleses, un turco y un alemán. El Valencia era el equipo del momento, bien guiados por Gaizka Mendieta, los naranjeros jugaban por nota, era como una versión del Barça actual previa a tal desplante de jogo bonito. El duelo por el título terminó con empate a un gol y nos fuimos hasta los penales, otra vez los penales. Debe haber alguna relación entre llegar a la tanda de tiros penales con la explosión de sentimientos que causa el perder, en aquella ocasión se cobraron 14 penales, 5 fueron fallados y el marcador fue de 5-4 para los alemanes. Con la derrota a cuestas, los valencianos vieron esfumarse su posibilidad de levantar la “orejona”, era pura frustración y luego hubo empatía. A todos en el mundo, todos los que vimos aquel juego sentimos la “piel de gallina” al encontrar en el campo al arquero español, Santiago Cañizares, quien ese mismo día había perdido a su madre y explotó en llanto junto a la portería, esa es una imagen que quedará para siempre en la historia de la Champions League, ya que fue su rival directo, el arquero alemán Oliver Kahn, el primero en llegar a consolarlo, Kahn acababa de ganar la Champions y detuvo su festejo para animar al colega que acababa de vencer.

2 de julio del 2010, Estadio Soccer City, Johannesburgo, Sudáfrica: El día que el llanto cambió de rostro en cuestión de minutos. Eran los cuartos de final de la Copa del Mundo Sudáfrica 2010, en la cancha se habían jugado 119 minutos y el marcador era 1-1, producto de los golazos que consiguieron Sulley Muntari, de Ghana, cuando agonizaba la primera mitad y Diego Forlán, de Uruguay, en un tiro libre; de pronto, una falta en el último cuarto de cancha le daba la oportunidad al conjunto africano de colgar un último balón al área antes de los penales, el centro fue peinado al área chica donde Fernando Muslera le quitaba al delantero ghanés la oportunidad de rematar, pero dejaba la bola clara para un contrarremate que fue salvado en la línea por Luis Suárez, la bola volvió a flotar en el área chica y entonces apareció Dominic Adiyiah para cabecear con fuerza y dejar que Suárez vuelva a verse como un héroe en la línea, aunque esta vez lo hizo como si fuera portero, realizo una atajada que envidiaría el mismísimo ‘brody’ Campos y sacó el remate que significaría la eliminación charrúa de la Copa del Mundo. Muchos dicen que hizo trampa, pero ciertamente no, Suárez jugó con el reglamento, evitó el gol con su último recurso y pagó las consecuencias, el árbitro marcó el penal y expulsó a Suárez, quien salió del campo con un llanto inconsolable, su equipo estaba a un penal de quedar fuera del Mundial y él lo había provocado salvando a su equipo momentáneamente; sin embargo, Asamoah Gyan voló su disparo cuando el delantero charrúa iba hacia al vestidor, en ese momento las lágrimas de Suárez se convertían en alegría y entonces era Gyan quien empezaba a llorar. Se cobraron los penales, el primero lo anotó Forlán y el segundo, primero para Ghana, lo cobraría quien acababa de errar, qué imagen es verlo limpiándose aún los rasgos del llanto antes de anotar. Con el marcador de los penales 3-2 falló John Mensah, el siguiente lo voló Maximiliano Pereira  y un tiro después Muslera atajó otro penal, esta vez a Adiyah, quien fue víctima de las manos de Suárez antes que de las de Muslera. Entonces vino un conocido, Sebastián ‘loco’ Abreu, colocó el balón, tomó mucha distancia y anotó “a lo panenka” para dar el pase a semifinales a Uruguay.

26 de junio de 2011, Estadio Antonio Vespucio Liberti “el monumental”, Buenos Aires, Argentina: Pasaron 110 años desde la fundación del Club Atlético River Plate, hasta ese desdichado día en que más de la mitad de los argentinos festejaron. Tras varios años en que los directivos se dedicaron a únicamente sangrar monetariamente a su Club, los Millonarios de River Plate se tenían que jugar la permanencia en un encuentro de promoción ante el Belgrano de Córdoba. Ese día se jugaba la vuelta, los equipos llegaban de Córdoba con una ventaja de dos por cero en favor del equipo modesto, pero tenían que jugar en uno de los estadios más imponentes del continente y ante un histórico, un grande apoyado por toda su afición. River se fue arriba a los cinco minutos del encuentro, necesitaban ganar por dos para forzar un desempate o por tres para quedarse en Primera División, ese gol tempranero les daba esperanza por quedar tanto tiempo por jugar, pero la perdieron cuando el juego se empató. Todavía brilló una luz con la marcación de una pena máxima para River, pero falló el ex de Cruz Azul, Mariano Pavone, y con su yerro se desencadenó el dolor en la tribuna. El 1-1 no cambiaría, la afición entera de River lloró mientras el partido aún se disputaba y los jugadores, principalmente el arquero Juan Pablo Carrizo, lo hicieron cuando el árbitro decidió detener el juego al minuto 44 con algunos segundos, los hinchas no querían que el juego terminara, bajaban al campo tratando de evitar así el destino de su equipo, aunque ya nada pudieron hacer, 110 años después de su fundación, River Plate se iba a la “B”.

1º de julio del 2012, Estadio Olímpico de Kiev, Kiev, Ucrania: Después de un gran torneo continental que había levantado interés en todo el mundo, le Eurocopa 2012 encontraba en la gran final al reinante campeón del Mundial y la Eurocopa, España, contra el equipo sensación del torneo, Italia, quienes venían jugando un futbol muy preciso y con un monstruo al frente, Mario Balotelli. Esa edición del torneo había sido el escenario de la revelación del ‘Súpermario’, quien había conseguido tres goles en la justa para quedar como uno de tantos campeones de goleo, además fue incluido en el 11 ideal de la competencia y fue candidato al mejor jugador, hizo su famoso festejo sin camisa, fue arrogante, profesional y exquisito. La final fue una fiesta blaugrana, digo culé, digo española. La ‘furia roja’ era un concentrado del Barça aderezado con Iker Casillas, Sergio Ramos, Xavi Alonso y David Silva, jugaban al “tiki taka” que Guardiola había implementado en el hoy mejor equipo del mundo y se aprovecharon de una Italia que no supo ni cuándo arrancó el juego, fue una goliza, fue la coronación del que mejor jugó. Durante la premiación, llamó la atención el festejo rojo, pero más allá, quedará en nuestra memoria la premiación del subcampeón. Durante la competencia Balotelli llamó la atención del mundo, al verse derrotado lo volvió a hacer. El llanto del delantero lombardo cambió la visión del mundo sobre él, aquel implacable animal de goleo que arrastró defensas y mostró su fuerza al mundo, ahora era un niño perdido en el terreno, viendo festejar a su rival, tragándose la ilusión que tuvo de levantar la copa y mostrando con lágrimas su lado más sensible.

Así, amigo fanbolero, podríamos seguir buscando en la memoria las ocasiones en las que los grandes ídolos del futbol han mostrado que, aunque parecen haber llegado de otro planeta, son humanos que sienten y expresan lo que les nace en el alma; sus fracasos, éxitos y hasta cuando se han retirado son momentos que los marcan y hacen crecer, porque estos niños que saben patear el balón como nadie en el mundo, son personas que respiran, viven, se alimentan, aman y lloran, como lo hacemos tu o yo.



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