¿Por qué cambiamos el chiquitibum por el dale dale?

21 mayo, 2015
Escrito por: Il Fanbolero
Imagen por: Straffon Images

Las famosas barras, hooligans, ultras y pseudoaficionados no deberían de tener un lugar en el futbol.

En México nos deberíamos de lamentar todos los días por haber cambiado el “chiquitibum” de esas porras familiares de los verdaderos aficionados al deporte, por el “dale dale” de las barras que no ven los partidos, no entienden del juego y lo único que quieren es gritar, saltar y violentar.

Estas personas no tienen lugar en el futbol. Es momento de que los equipos dejen de apoyar a las barras y empiecen a prohibir la entrada de éstas personas violentas a los estadios,  de imponer penas ejemplares a los que generan violencia y a los equipos de los que son seguidores.

Todas las ligas de futbol que han eliminado a las barras han crecido y aumentado el número de aficionados, pero ninguna lo ha hecho anticipando tragedias, sino que esperan a que algo suceda para después tomar medidas en el asunto y es también culpa de los organismos internacionales que no imponen la desaparición de barras a las Federaciones.

Es sabido que en Inglaterra se puso mano dura con los Hooligans, pero esta medida se tomó después de la tragedia Heysel, de 1985, en la que murieron 39 aficionados, por lo que la UEFA sancionó a los clubes ingleses con 5 años sin competiciones europeas y al Liverpool, con diez. Probablemente, de no existir tal sanción, estas medidas nunca hubieran llegado.

En Argentina existen suficientes razones para tomar una medida desde hace muchos años, pero me parece que después de lo sucedido entre Boca y River el pasado jueves 14 de mayo y la sanción impuesta por la CONMEBOL, los equipos empezarán a reaccionar y a tomar medidas.

Los jugadores también deben entender la gravedad de que un aficionado salte a la cancha para abrazarlos, no deberían regalarles sus playeras, otorgarles un autógrafo, ni salvarlos de la seguridad. Un aficionado que salta a la cancha está rompiendo la ley, eso lo hace un delincuente y debe ser tratado como tal, ¿o nos vamos a esperar a que agredan a un futbolista o árbitro para entender lo peligroso que es?

Saquemos la violencia de los estadios porque no es pasión, ni mucho menos. La pasión y la rivalidad pueden ser muy extremas pero siempre con respeto a los otros aficionados. La “guerra civil” del beisbol mexicano, entre los Diablos Rojos del México y los Tigres de Quintana Roo (antes Tigres Capitalinos), podría ser un ejemplo excelente de una gran rivalidad en la que se puede convivir en un estadio sin rejas, seguridad excesiva, ni violencia.

@palombo17



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