Dopaje: el lado oscuro del deporte

5 marzo, 2015
Escrito por: J.G.
Imagen por: MattysFlicks

Desde tiempos inmemorables el hombre ha buscado sacar ventajas de cualquier situación. En las cavernas, por ejemplo, quien logró encontrar vestimenta y armas, el fuego, la rueda e incluso el paso evolutivo del sedentarismo, logró aventajar a sus similares. En los primeros tiempos la necesidad era la supervivencia y junto con el hombre, sus necesidades evolucionaron también, la lucha ya no era por comida y techo sino por posición.

¿Podríamos entonces pensar en las cruzadas?, tener mejores armaduras y mejor armamento fue claramente una ventaja, los chinos inventaron la pólvora para aventajar a sus enemigos, la construcción de fuertes, la modernización militar, la lucha por conquistar el espacio y así, cada vez que el ser humano ha desarrollado nuevas tecnologías y armamentos se ha compartido una misma idea: sacar mayor ventaja.

En el deporte profesional, dada su naturaleza, la situación debería ser distinta. Si bien se han desarrollado nuevas tecnologías para mejorar el rendimiento de los atletas (telas más ligeras, bebidas rehidratantes, monitoreos precisos durante los entrenamientos, etc.), éstas no dan ventaja alguna sobre los oponentes, sino que son desarrolladas para mejorar las capacidades de competencia en comparación a los alcances que se tuvieron en antaño y entonces, cuando el atleta (o sus apoderados) decide sacar alguna una ventaja adicional, el dopaje ha hecho su aparición.

Aunque desde los tiempos de la antigua Grecia se creía en el consumo de setas y testículos de animales para mejorar el rendimiento físico, el primer caso documentado de dopaje en el deporte data de 1865, cuando nadadores que participaban en la prueba del canal de Ámsterdam utilizaron una sustancia desconocida para aumentar la resistencia. En 1867, los ciclistas franceses utilizaban la cafeína y los belgas una mezcla de azúcar con éter.

En la década de 1960 la necesidad de sobresalir en el deporte empujaba a un gran número de atletas a buscar alguna “ayuda” extra. En 1967, la muerte del ciclista Tom Simpson dirigió los esfuerzos de la comunidad deportiva a la aplicación de nuevos y más estrictos controles antidopaje y fue hasta los Juegos Olímpicos de México 68 que se aplicaron los primeros controles de sustancias a los atletas.

Aterrizando en la cancha del futbol, los casos de dopaje han sido muchos y el más famoso es por supuesto el del gran Diego Armando Maradona, el Diego de la gente, el ídolo del pueblo argentino, aquel que dejó sembrada a toda la selección inglesa para anotar un poema en la cancha del Azteca y levantar la Copa del Mundo en 1986, quien cargó al Napoli de Italia en sus hombros para ganar la copa de la UEFA en 1989. El diez, el mismo que en el Mundial de 1990 guió a su selección hasta la final y cuatro años más tarde, en Estados Unidos 94, fue guiado fuera de la concentración argentina por dar positivo. Una brillante carrera, una colección de jugadas inolvidables y un asterisco junto a cada una de ellas, porque “el pelusa” siempre cargará con la sombra de haber hecho trampa.

El futbol mexicano no está exento de estos casos. Si bien el clembuterol ha sonado mucho en los últimos años, la culpabilidad de los jugadores o sus allegados no ha sido comprobada, la sustancia se utiliza para la engorda del ganado y los jugadores deben seguir una dieta rica en proteína cárnica; sin embargo, ésta no es la única sustancia que ha sonado en nuestro balompié. Recordemos el caso de Salvador Carmona, el brillante defensor que fue regresado de la Copa Confederaciones del 2005 sin dar razón alguna y que posteriormente fuera descubierto como consumidor de norandrosterona y tras un breve regreso a las canchas, dio positivo para estanozolol.

Del “chava” no se recordarán jugadas con la duda de sus condiciones al momento de realizarlas ni se le puede comparar con la brillantez de Maradona, Carmona no cargó con la incomodidad de volver a jugar ante un público rival burlándose, no, Salvador Carmona simplemente nunca volvió a jugar, fue suspendido de las canchas de por vida.

A 12 años de la adopción del Código Mundial Antidopaje de la AMA/WADA. Las instituciones siempre estarán al pendiente del correcto desarrollo del deporte y desgraciadamente, siempre existirán vivillos, talentosos y no, que querrán sacar ventaja de cualquier manera. ¡Qué asco!



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